jueves, 11 de diciembre de 2008

historia acerca de la honestidad



Honestidad significa que no hay contradicciones ni discrepancias entre los pensamientos, palabras o acciones. HONESTIDAD es no hacer nunca mal uso de lo que se nos confió.
Sé honesto con todo tu verdadero ser y con un propósito: ganar la confianza de los demás e inspirar fe en ellos. Si quieres HONESTIDAD por parte de los demás,empieza por ser confiable en todas tus cosas
premio a la honestidad

Marisol ya imagina que hará con los 20.000 dólares que encontró hace tres años en un avión de Iberia. / MIGUEL G. CASTRO SUSANA HIDALGO - Madrid - 25/11/2008 21:49


Como un cuento prenavideño. Marisol, una inmigrante peruana, se partía el lomo limpiando el interior de los aviones en la Terminal 2 del aeropuerto de Barajas. Un día de verano de 2005, Marisol estaba quitando la basura de los asientos de primera clase de un aparato de Iberia cuando, escondido en un pequeño hueco, encontró una bolsa con varios fajos de billetes de dólar dentro. "¡Chicas, vengan, miren lo que he encontrado!", alertó a sus compañeras.

Se armó un buen revuelo dentro del avión. Un guardia de seguridad contó en alto los billetes: "¡20.000 dólares!", sentenció el vigilante. La mujer, al ser la primera que había encontrado la bolsa, entregó el dinero a sus superiores, éstos apuntaron su nombre en un trozo de periódico y ella se olvidó del tema. Hasta el martes.

Justo después de comer, Marisol (prefiere no dar sus apellidos), de 47 años y madre de dos adolescentes, está pensativa y algo triste: su padre murió hace dos meses en Perú y para pagar los viajes que hizo para ver a su familia se ha endeudado en casi 6.000 euros.

De pronto, suena su teléfono móvil: "Te llamo de Iberia para comunicarte que, como nadie ha reclamado el dinero que encontraste en 2005, es tuyo. Tienes 20.000 dólares [15.381 euros]".

Pobre, pobrísima
"¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte! ¡No me lo creo! ¡El cuponazo!", repetía ayer una y otra vez Marisol mientras recordaba su historia, en un descanso en su nuevo trabajo, en un museo. Su alegría es contagiosa. Se parte de risa tomando café, mientras se despide de su jefe, mientras se deja hacer fotos.

Tan sólo se pone seria cuando se acuerda de la muerte de su padre; de que allí, en Perú, su familia es "pobre, pobrísima" y de que su madre siempre le repetía: "Tú, Marisol, ten siempre en mente estas tres palabras: honestidad, sinceridad y puntualidad".

Tapar huecos
Lo de honesta ya lo ha demostrado. La Ley de Objetos Perdidos señala que pasados dos años y un día de la entrega, si nadie lo reclama, el objeto se considera oficialmente abandonado. El que haya depositado el hallazgo tiene derecho a quedarse con él. "Algunas compañeras me dijeron entonces que por qué no me había quedado el dinero. Hubiese sido fácil, pero...", y repite otra vez aquello de: "Honestidad, sinceridad y puntualidad". La mujer prevé ir hoy a recoger su dinero. Fuentes del departamento de Seguridad de Iberia aseguraron a Público que de este asunto sólo iban a hablar con la agraciada.

A la pregunta obligada de: "¿Qué va a hacer con el dinero?", Marisol responde con el obligado: "Tapar huecos"; y luego se suelta un poco y calcula que a sus dos hijos les caerá "algún regalito". Ella dice que no se va a comprar nada especial: "Bastante regalo es ya lo que me ha pasado".


Marisol encontró aquel día 20.000 dólares, pero lo frecuente para ella después de los vuelos era hallar otro tipo de objetos: "Bragas grandes y usadas [sus manos se abren para señalar el tamaño] y tangas, condones usados... yo que sé, la gente se deja de todo". Y entonces pone una sonrisa pícara y se echa la mano al bolsillo de la blusa. "Lo único que cogí una vez fue ésto", y se ríe mientras saca y guarda en un segundo un boli de plástico.



Marisol ya imagina que hará con los 20.000 dólares que encontró hace tres años en un avión de Iberia. / MIGUEL G. CASTRO SUSANA HIDALGO - Madrid - 25/11/2008 21:49


Como un cuento prenavideño. Marisol, una inmigrante peruana, se partía el lomo limpiando el interior de los aviones en la Terminal 2 del aeropuerto de Barajas. Un día de verano de 2005, Marisol estaba quitando la basura de los asientos de primera clase de un aparato de Iberia cuando, escondido en un pequeño hueco, encontró una bolsa con varios fajos de billetes de dólar dentro. "¡Chicas, vengan, miren lo que he encontrado!", alertó a sus compañeras.

Se armó un buen revuelo dentro del avión. Un guardia de seguridad contó en alto los billetes: "¡20.000 dólares!", sentenció el vigilante. La mujer, al ser la primera que había encontrado la bolsa, entregó el dinero a sus superiores, éstos apuntaron su nombre en un trozo de periódico y ella se olvidó del tema. Hasta el martes.

Justo después de comer, Marisol (prefiere no dar sus apellidos), de 47 años y madre de dos adolescentes, está pensativa y algo triste: su padre murió hace dos meses en Perú y para pagar los viajes que hizo para ver a su familia se ha endeudado en casi 6.000 euros.

De pronto, suena su teléfono móvil: "Te llamo de Iberia para comunicarte que, como nadie ha reclamado el dinero que encontraste en 2005, es tuyo. Tienes 20.000 dólares [15.381 euros]".

Pobre, pobrísima
"¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte! ¡No me lo creo! ¡El cuponazo!", repetía ayer una y otra vez Marisol mientras recordaba su historia, en un descanso en su nuevo trabajo, en un museo. Su alegría es contagiosa. Se parte de risa tomando café, mientras se despide de su jefe, mientras se deja hacer fotos.

Tan sólo se pone seria cuando se acuerda de la muerte de su padre; de que allí, en Perú, su familia es "pobre, pobrísima" y de que su madre siempre le repetía: "Tú, Marisol, ten siempre en mente estas tres palabras: honestidad, sinceridad y puntualidad".

Tapar huecos
Lo de honesta ya lo ha demostrado. La Ley de Objetos Perdidos señala que pasados dos años y un día de la entrega, si nadie lo reclama, el objeto se considera oficialmente abandonado. El que haya depositado el hallazgo tiene derecho a quedarse con él. "Algunas compañeras me dijeron entonces que por qué no me había quedado el dinero. Hubiese sido fácil, pero...", y repite otra vez aquello de: "Honestidad, sinceridad y puntualidad". La mujer prevé ir hoy a recoger su dinero. Fuentes del departamento de Seguridad de Iberia aseguraron a Público que de este asunto sólo iban a hablar con la agraciada.

A la pregunta obligada de: "¿Qué va a hacer con el dinero?", Marisol responde con el obligado: "Tapar huecos"; y luego se suelta un poco y calcula que a sus dos hijos les caerá "algún regalito". Ella dice que no se va a comprar nada especial: "Bastante regalo es ya lo que me ha pasado".


Marisol encontró aquel día 20.000 dólares, pero lo frecuente para ella después de los vuelos era hallar otro tipo de objetos: "Bragas grandes y usadas [sus manos se abren para señalar el tamaño] y tangas, condones usados... yo que sé, la gente se deja de todo". Y entonces pone una sonrisa pícara y se echa la mano al bolsillo de la blusa. "Lo único que cogí una vez fue ésto", y se ríe mientras saca y guarda en un segundo un boli de plástico.




Como un cuento prenavideño. Marisol, una inmigrante peruana, se partía el lomo limpiando el interior de los aviones en la Terminal 2 del aeropuerto de Barajas. Un día de verano de 2005, Marisol estaba quitando la basura de los asientos de primera clase de un aparato de Iberia cuando, escondido en un pequeño hueco, encontró una bolsa con varios fajos de billetes de dólar dentro. "¡Chicas, vengan, miren lo que he encontrado!", alertó a sus compañeras.

Se armó un buen revuelo dentro del avión. Un guardia de seguridad contó en alto los billetes: "¡20.000 dólares!", sentenció el vigilante. La mujer, al ser la primera que había encontrado la bolsa, entregó el dinero a sus superiores, éstos apuntaron su nombre en un trozo de periódico y ella se olvidó del tema. Hasta el martes.

Justo después de comer, Marisol (prefiere no dar sus apellidos), de 47 años y madre de dos adolescentes, está pensativa y algo triste: su padre murió hace dos meses en Perú y para pagar los viajes que hizo para ver a su familia se ha endeudado en casi 6.000 euros.

De pronto, suena su teléfono móvil: "Te llamo de Iberia para comunicarte que, como nadie ha reclamado el dinero que encontraste en 2005, es tuyo. Tienes 20.000 dólares [15.381 euros]".

Pobre, pobrísima
"¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte! ¡No me lo creo! ¡El cuponazo!", repetía ayer una y otra vez Marisol mientras recordaba su historia, en un descanso en su nuevo trabajo, en un museo. Su alegría es contagiosa. Se parte de risa tomando café, mientras se despide de su jefe, mientras se deja hacer fotos.

Tan sólo se pone seria cuando se acuerda de la muerte de su padre; de que allí, en Perú, su familia es "pobre, pobrísima" y de que su madre siempre le repetía: "Tú, Marisol, ten siempre en mente estas tres palabras: honestidad, sinceridad y puntualidad".

Tapar huecos
Lo de honesta ya lo ha demostrado. La Ley de Objetos Perdidos señala que pasados dos años y un día de la entrega, si nadie lo reclama, el objeto se considera oficialmente abandonado. El que haya depositado el hallazgo tiene derecho a quedarse con él. "Algunas compañeras me dijeron entonces que por qué no me había quedado el dinero. Hubiese sido fácil, pero...", y repite otra vez aquello de: "Honestidad, sinceridad y puntualidad". La mujer prevé ir hoy a recoger su dinero. Fuentes del departamento de Seguridad de Iberia aseguraron a Público que de este asunto sólo iban a hablar con la agraciada.

A la pregunta obligada de: "¿Qué va a hacer con el dinero?", Marisol responde con el obligado: "Tapar huecos"; y luego se suelta un poco y calcula que a sus dos hijos les caerá "algún regalito". Ella dice que no se va a comprar nada especial: "Bastante regalo es ya lo que me ha pasado".


Marisol encontró aquel día 20.000 dólares, pero lo frecuente para ella después de los vuelos era hallar otro tipo de objetos: "Bragas grandes y usadas [sus manos se abren para señalar el tamaño] y tangas, condones usados... yo que sé, la gente se deja de todo". Y entonces pone una sonrisa pícara y se echa la mano al bolsillo de la blusa. "Lo único que cogí una vez fue ésto", y se ríe mientras saca y guarda en un segundo un boli de plástico.

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